Hay coches rápidos.
Y luego está el BMW M3 E46.
No era solo un deportivo de principios de los 2000. Era equilibrio puro entre potencia, precisión y carácter. Bajo el capó, un seis cilindros atmosférico que subía hasta las 8.000 rpm con una melodía mecánica difícil de olvidar.
La primera vez que lo conduje entendí por qué tantos entusiastas lo consideran una leyenda moderna.

Sensaciones al volante
La dirección era directa, casi telepática. Cada curva se sentía como una conversación entre el asfalto y el volante. No necesitabas cifras extremas para disfrutar; necesitabas conexión.
El cambio manual de seis velocidades obligaba a implicarte. No era un coche para distraídos, era un coche para conductores.
Más que prestaciones
Con 343 CV, el M3 E46 no buscaba impresionar con números absurdos. Buscaba equilibrio.
- Motor atmosférico
- Tracción trasera
- Distribución de peso casi perfecta
- Sonido inconfundible
Hoy, en un mundo dominado por turbos y pantallas gigantes, el M3 E46 representa una época más pura del automovilismo.
Y quizás por eso, cada vez que escucho su motor, siento que no estoy conduciendo solo un coche.
Estoy conduciendo historia.